Si bien presenta importantes valores materiales e inmateriales que se reflejan en el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas con el que se la reconoció —junto con otros galardones y menciones obtenidos por su arquitectura—, la realización de la biblioteca Casa del Pueblo, ubicada en un resguardo indígena en el departamento del Cauca, significó un reto mayúsculo debido a varios factores.
Uno de ellos se relaciona con el hecho de que su estructura es en guadua, un material que al comienzo generó malestar en la comunidad, cuya visión estaba influenciada por el comercio y la industria, y no reconocía las cualidades de los recursos naturales locales.

“Las comunidades percibían la propuesta de construir en guadua como un retroceso o incluso como una posible estafa, sin comprender su potencial como material altamente resistente, ecológico y adecuado para edificaciones seguras y sismorresistentes. Tampoco se entendía su dimensión económica, que permitía invertir los recursos en el trabajo humano —la mano de obra local— como valor principal, en lugar de destinar los fondos a productos industriales más costosos y contaminantes. En aquel entonces, muchos asociaban el uso de materiales locales con la falta de perdurabilidad”, explica el arquitecto Simón Hosie, autor de la obra.
Detalles de la propuesta de diseño de la biblioteca
En 1998, cuando se propuso el proyecto, ni la sostenibilidad ambiental ni el diseño participativo se consideraban un paradigma, por lo que este edificio fue adelantado a su tiempo, pues en él se anticiparon muchas de las ideas que son principios innegables de la actualidad.
Veinticinco años después de su construcción, la biblioteca permanece firme e intacta, al cuidado de una comunidad que no solo se apropió de ella, sino que se enorgullece de sus materiales y de lo que estos representan como alternativa de desarrollo.

En lo referente a los aspectos técnicos, se incorporaron innovaciones significativas para resolver los desafíos estructurales derivados de su condición asimétrica y su geometría orgánica, en la que ambos costados —norte y sur— son distintos y complementarios. Esta dificultad se resolvió mediante el desarrollo de los pivotes de guadua, una solución estructural que daría origen a sistemas de anclaje sin relleno de concreto.
Esta es una arquitectura sencilla, simple —si se quiere—, que cumple su función y se mantiene viva en el tiempo, no solo gracias a la resistencia de sus materiales, sino también al afecto que expresa la comunidad que la acoge.
